El gobierno del presidente José Balcázar ha anunciado que, ante la subida de precios del gas y los combustibles y la crisis en el abastecimiento energético, los colegios deberán pasar nuevamente a clases virtuales durante esta semana.

Pero en lugar de reducir los enormes impuestos en el precio de los combustibles, ha decidido sacrificar a nuestros hijos.

Para millones de familias peruanas, esta decisión revive un recuerdo muy doloroso: el retroceso educativo que vivimos durante la pandemia.

Durante los años de COVID-19 nuestros hijos pagaron un precio altísimo. Miles de niños perdieron aprendizajes fundamentales. Muchos estudiantes nunca lograron adaptarse a la virtualidad. Y en las zonas más vulnerables del país, simplemente no había internet ni dispositivos para estudiar.

El Perú todavía no se ha recuperado de esa crisis educativa.

Por eso hoy miles de padres sentimos indignación cuando vemos que la primera respuesta del Estado ante un problema logístico o económico vuelve a ser cerrar las escuelas.

La educación presencial no solo transmite conocimientos. Forma hábitos, fortalece vínculos, desarrolla habilidades sociales y protege la salud emocional de nuestros hijos. Especialmente en la primera infancia, la relación presencial entre maestros y estudiantes es insustituible.

Cerrar nuevamente las aulas —aunque sea por una semana— transmite un mensaje peligroso: que la educación es lo primero que se puede sacrificar cuando surge una crisis.

La solución a una crisis energética no puede ser paralizar la educación del país. Las escuelas no son un servicio secundario. Las escuelas son el corazón del futuro del país.

Los padres de familia del Perú no estamos dispuestos a aceptar ese retroceso.

👉 Por eso firma y comparte exigiendo al Gobierno del Perú que los colegios no se cierren. 

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